sábado, 31 de octubre de 2015

Salinas de Iptuci (Cabezo de Hortales). Prado del Rey. Cádiz

Las salinas de Hortales se encuentran situadas en el término municipal de Prado del Rey, situado en el nordeste de la provincia de Cádiz, muy próximo al límite de la provincia de Sevilla por el norte y de Málaga por el este, lo que da lugar a una situación de fácil acceso, tanto por carreteras provenientes de Sevilla (carretera Las Cabezas-Ubrique), como por carreteras provenientes de Ronda y Jerez o Arcos de la Fra. 






Sus coordenadas en WGS84 serían:
36º 45' 2,59" N
5º 32' 49,88" W




Concretamente y para acceder hasta ellas a partir de la carretera de Arcos – El Bosque (A-393) hay que tomar la salida A-372 que se dirige a el término municipal de El Bosque hasta alcanzar la rotonda que nos desvía hacia Prado del Rey dejándola a nuestra izquierda, sobrepasar el restaurante “El Molino” que aparece a la derecha de la carretera y tomar el primer carril no asfaltado que encontraremos justo a la derecha del restaurante, pudiendo observar el conjunto de salinas a la izquierda del carril.

Estas salinas, de origen fenicio, deben su existencia a unos manantiales próximos, de los que sale agua de manera ininterrumpida durante todo el año, a una temperatura media de 25º y un contenido salino de 28 g/L.
Este agua, posee también una naturaleza ferruginosa.
El carácter salobre de estos manantiales, se debe a que el agua atraviesa antes de aflorar, materiales triásicos de naturaleza margo-arcillosa, ricos en yesos y sales solubles.
Son de las últimas salinas de interior que se mantienen en funcionamiento en Andalucía y su actividad está documentada desde el siglo XIV, con el reinado de Alfonso XI, aunque existe constancia de su explotación desde la época pre-romana.





Los embalses donde cristaliza el yeso, son tres y se encuentran en la parte más alta de la salina, alimentados por el llamado arroyo Salado; en ellos se puede observar una gradación del tamaño de los cristales de yeso, de manera que en el primer embalse, al ser la carga de sulfatos disueltos en el agua, elevada; la precipitación de los mismos sucede a alta velocidad, por lo que los cristales formados son numerosos y de pequeño tamaño. mayoritariamente ni siquiera llegan a distinguirse a simple vista, aunque sí, bajo los instrumentos de óptica adecuados.

El segundo embalse, recibe el agua del primero, y es aquí donde podemos encontrar cada año y de nueva formación, hermosos cristales de yeso en cola de golondrina, de un color variable entre el tono crema y el naranja oscuro, en función de la carga de óxidos de hierro que lleve el agua ese año.




Uno de los principales intereses de este yacimiento, es que al tratarse de yesos de neoformación, a pesar de que mantienen una cristalización básica como la que ya hemos descrito, cada año son diferentes. Así, podemos encontrar épocas en las que se forman grandes cristales, de hasta 6 u 8 cm de longitud, de manera individualizada o en pequeños agregados; mientras que en otros años pueden cristalizar en extensos céspedes de inflorescencias y agregados de múltiples cristales alargados y de pequeño tamaño, lo cual lo hace un lugar interesante de visitar al menos una vez cada año.








Igualmente, cualquier tamaño de cristal intermedio y asociaciones de los mismos, es posible, a los que debemos añadir una gran variedad cromática, lo que termina generando un abanico de piezas estéticas muy extenso.
Esta diferencia de cristalización y color entre unos años y otros, viene determinada, a parte de por la carga de hierro que transporte el agua en disolución (cuanto más hierro, los cristales son más oscuros), por la temperatura ambiental y la dirección del viento predominante, siendo el viento del este, el que fomenta una evaporación más rápida del agua de los embalses, ya que al tratarse de un viento seco, disminuye considerablemente la humedad relativa atmosférica de la zona, fomentando la cristalización rápida de los sulfatos, e impidiendo por lo tanto el desarrollo de cristales grandes y bien definidos; mientras que la preponderancia de vientos del Oeste, al permitir una evaporación más lenta y delicada, nos suele regalar ejemplares de grandes, bellos y brillantes cristales.



Por último, existe un tercer embalse, en el que al disponer el agua ya, de muy poca cantidad de sulfato, los precipitados que se forman no pasan de ser agregados esponjosos de arcilla con algunos cristales pequeños, que para nada tienen valor coleccionístico o estético.

Por las características del terreno, recomendaría para la recolección de ejemplares, el uso de botas de agua y una pequeña pala, o cuchillo de hoja ancha, que nos permita hacer palanca en la arcilla sobre la que se asientan los cristales para poder sacarlos con facilidad y sin estropearlos, ya que son bastante delicados, así como llevar abundante papel de periódico o similar, que sea capaz de absorver la gran cantidad de agua que desprenderán al sacarlos de su medio.

Si continuamos el recorriedo de la corriente de agua, salina abajo, alcanzamos mediante una serie de canales, cuatro balsas cristalizadoras, en su día excavadas directamente enla arcilla, pero hoy en día rehabilitadas con bloques de piedra que hacen más sencillo su mantenimiento.
Cada balsa, se divide a su vez en otros compartimentos más pequeños en donde se satura y cristaliza la sal comercial.
Al igual que en el caso anterior, en los primeros cristalizadores se forman las primeras masas de cristales, que arrastran consigo la mayoría de las impurezas que transporta el agua, presentando la sal un aspecto menos atractivo y de una tonalidad amarillenta, mientras que en los siguientes, vamos encontrando una gradación de la granulometría, que va desde la sal más gruesa hasta la más fina y pura en los últimos compartimentos.


Por lo general, el último embalse se suele encontrar seco al final de la temporada, ya que todo el agua se evaporó en los anteriores.

Los ejemplares de halita que aquí podemos recolectar, se presentan casi exclusivamente en cristales cúbicos, regulares y bien formados. Con frecuencia, presentan caras en tolva (cóncavas y escalonadas hacia el interior del cristal).
Este fenómeno es debido a la mayor velocidad de crecimiento de las caras a lo largo de las aristas con respecto al centro.



Para  la recolección de este tipo de piezas, es aconsejable visitar el yacimiento a finales de agosto o las primeras semanas de septiembre, de manera que los cristales de yeso hayan podido desarrollarse lo máximo posible, pero sin que lleguen a concurrir las primeras lluvias, ya que éstas generarían una disolución parcial de los cristales en su superficie, con la consiguiente pérdida de brillo y estética.

La salina ha sufrido diferentes reformas a lo largo de los últimos 10 años y habilitada para su visita turística, tomando el nombre de Salinas de Iptuci, tal y como aparecen reseñadas en la época romana, coincidiendo con el máximo apogeo de la industria salinera de esta zona, y representando por lo tanto un interesante patrimonio cultural.

Para su visita, hoy en día hay que hacer reserva previa y aunque hace varios años te permitían recolectar cristales de yeso sin problemas (previo permiso del dueño, por supuesto), hoy en día está un poco más complicada la cosa, aún así, aunque solo sea por conocer la salina, merece la pena hacer la visita.






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